Archivo por meses: octubre 2015

La Leyenda del Canto Gordo

Canto-Gordo-2

PELORO Y EL CANTO GORDO

 Hace mucho, muchísimo tiempo cuando el camino del Arenal bajaba como un arroyo por Paredes, vivía en sus orillas una colonia de duendes a los que les gustaban mucho las zarzamoras que crecían en en ellas, como eran tan diminutos una mora era como una cesta de ciruelas para ellos. En el verano cuando el arroyo se secaba, cruzaban a la otra orilla, donde crecían muchas zarzamoras también de las que tanto les gustaban a los niños-duendes, pero no se alejaban porque los mayores contaban que en la Sierra vivían unos grandes monstruos que los encerraban en cuevas, las madres un poco preocupadas hicieron a los duendecillos unos gorros rojos para verlos desde lejos.

Un invierno llovió tanto que el arroyo del Arenal subía y subía tanto que los duendes corrieron hasta lo alto del cerro donde había una piedra enorme y otras pequeñas, buscaron las más pequeñas y allí se refugiaron muchos días. Una mañana que salió el sol  los duendes se asomaron y vieron que por el  arroyo que ya estaba más tranquilo bajaba un bulto grande que se enredó entre las zarzas de la orilla; entonces descubrieron que era un hermoso bebé muy grande y gordito para su edad pues toda la colonia tuvo que ayudar para llevarlo hasta las piedras.

Pasados unos días aquel bebé comenzó a crecer y crecer tanto, que los duendes pensaron que era uno de los monstruos de la Sierra que había venido para raptarlos, así que lo llamaron Peloro como el gigante de Grecia que era enorme y monstruoso. Peloro no dijo nada porque todavía no sabía hablar, pero seguía creciendo y creciendo, tanto creció que los duendes asustados se fueron bajando del cerro y por el Arenal ahora seco, caminaron poco a poco hasta el Plantío, dejando a Peloro solo junto a las piedras.

Así pasaron algunos años en los que llovía menos, Peloro veía desde sus piedra el Plantío y a veces los gorritos rojos de los duendecillos, pero no se acercaba para no asustarlos y como se sentía tan solo comenzó a tallar las piedras haciendo una casa y figuras para que lo acompañaran, cuando acabó las pequeñas ya era un cantero muy experto y decidió tallar aquella tan enorme como un duende grande para que fuera su compañero. De esta manera iba pasando el verano, Peloro tallaba y tallaba la gran piedra que le quedó como si fuera un gigante muy barrigudo.

canto-gordo-recortado-2

Un día se oyeron unos grandes ruidos y voces que llegaban de la Sierra, Peloro se asomó y ¡No podía creer lo que vieron sus ojos!, esto era que por el Arenal casi seco bajaban unos duendes tan grandes como era él, que subían corriendo el cerro y lo miraban gritando de alegría. Entonces le contaron que ellos eran los gnomos gigantes que vivían en la Sierra, unos gnomos buenos y pacíficos y que hacía unos años cuando llovió tanto, un bebé que jugaba con el agua en la Sierra, se cayó al arroyo y el agua lo arrastró más allá del Plantío, que fue donde lo salvaron los duendecillos.

La familia de Peloro se quedó unos días y prepararon una gran fiesta para celebrar el encuentro y cuando quisieron invitar a los duendecillos, Peloro les contó que estos duendecillos creían que ellos eran monstruos malvados y estaban tan escondidos que no aparecieron, por lo que después de la fiesta Peloro regresó con todos los suyos a la Sierra. Entonces los duendecillos se fueron acercando poco a poco otra vez al cerro y al ver la piedra tallada les recordó la figura del gnomo grandón y la llamaban la piedra del Duende Gordo. Pasaron más años y vinieron unos veranos con tanto calor, que secaron todos los arroyos y no nacían las plantas, los pequeños duendecillos se quedaron sin agua y sin comida, entonces algunos de ellos que había estado muy escondidos en el cerro viendo la fiesta de Peloro hacía años, recordaron que la familia del gnomo le decía que en la Sierra siempre había agua y comida abundante, por lo que quisieron ponerse en camino hacia allí todos juntos, pero estaban tan débiles que solamente se arriesgaron dos a continuar, hasta que encontraron a uno de los los gnomos gigantes y le contaron sus desgracias.  Uno de ellos había reconocido que era  Peloro y se puso muy contento porque los que ellos creían monstruos, eran gnomos, pero que habían crecido más. Como Peloro ahora era el jefe de todos  los gnomos de la Sierra les prometió ayudarles en recuerdo de que a él le habían salvado la vida.

DSC08976 copiar

Desde entonces los gnomos serranos siempre ayudaron a los duendes del Plantío, pues cuando los veranos eran secos desviaban el agua de la Sierra por el Arenal y cuando había crecidas cruzaban los arroyos para llevarles alimentos.

  Y así fue que pasados muchos, muchos años cuando los duendes y los gnomos desaparecieron para siempre, las nuevas gentes que llegaron a vivir en el pueblo de Paredes, oyeron la leyenda del gnomo gordo que había vivido en el cerro y llamaron a esa piedra EL Canto Gordo para siempre hasta nuestros días.

 Lydia Ortega González-del Campo ( 12 años- Verano-2012)